Antígona y Moremi: Sororidad
Antígona y Moremi: Sororidad
En el umbral donde se cruzan las sombras,
donde el Egeo susurra al Níger sus misterios,
dos mujeres se encuentran en el laberinto del tiempo:
y Moremi Àjàsorò, guardiana de un pueblo alzado en fuego.
Bajo un cielo sin nombre,
se miran, y en sus ojos danzan siglos,
gritos apagados por el peso de la historia,
susurros femeninos arrancados de la tierra.
Antígona: - ¿Eres tú, hermana del exilio,
que caminas con la carga de la vida como estandarte?
¿Es tu piel, teñida por el sol de la resistencia,
un reflejo de la mía, bañada en el polvo de la derrota?
Moremi: -Soy yo, hija del sacrificio,
y también tú, rebelde contra leyes escritas por manos frías.
Mi pueblo me llama salvadora, pero mi corazón llora,
pues conozco el precio de la libertad:
la entrega de mi carne al olvido.
Antígona: -Yo enterré a mi hermano bajo el mandato de los dioses,
pero el hombre, con su hierro, me condenó.
No hay justicia para las que alzan la voz
contra el muro de la codicia y el poder.
Dime, hermana, ¿dónde hallaste el coraje?
Moremi: -En los lamentos de mis hijos,
en la promesa rota de un mañana mejor.
Vendí mi sangre al enemigo
para arrancar las cadenas que cegaban a los míos.
Pero el eco de mi ofrenda resuena vacío:
¿quién recuerda el rostro de una madre sacrificada?
Antígona: -Ni el mármol de Tebas ni las olas del Egeo
han preservado mi nombre sin cicatrices.
Los hombres escriben su historia
sobre las cenizas de nuestras voces.
Moremi. -Entonces, ¿qué queda de nosotras?
¿Solo la memoria rota de quienes amamos,
solo la llama que, al apagarse, deja el vacío?
Antígona: -Queda esto, hermana,
el abrazo que no necesita palabras,
la certeza de que, a través de nosotras,
la tierra respira y las estrellas lloran.
Queda nuestra hermandad,
más fuerte que los muros que nos encarcelan,
más eterna que los nombres que olvidaron decir.
Sororidad: -El tiempo, cruel maestro,
nos marca con su aguijón desde el nacer.
Ninguna huye de su sombra,
pero en la unión de nuestras manos
habita la fuerza para doblegar el destino.
Moremi: - Entonces, vivamos, aunque sea un instante,
como fuego en el horizonte,
como rayo que parte el cielo en dos.
Antígona: -Que nuestra rebelión sea semilla
en la tierra fértil de las generaciones venideras.
Que el canto de nuestras hermanas resuene
en los valles y en los mares.
Moremi: -Porque, aunque nos entierren,
somos raíz y somos fruto,
y ningún patriarcado podrá callar
el murmullo eterno de nuestras almas.
Sororidad: -Caminemos juntas hacia la luz incierta,
no como sombras, sino como faros.
Porque, al final, en el polvo al que retornamos,
somos todas una: hijas del dolor,
madres del mañana.

Comentarios
Publicar un comentario