Antígona en el tiempo del ahora

 Antígona en el tiempo del ahora

Vivimos al filo del instante,
en un mercado de pulsos y pantallas,
donde la felicidad se mide en clics
y el deseo expira con un "siguiente".
Aquí, la prisa es reina,
y el eco de lo eterno
se apaga entre algoritmos.
Pero Antígona,
hija de la sombra y del deber,
camina contra el viento de los siglos.
Su amor no cabe en ofertas fugaces,
ni en el brillo de lo efímero.
Ella, toda hueso y memoria,
sabe que hay una dignidad
que no se compra,
una justicia que no negocia.
Su hermano, polvo y silencio,
no tiene ya más voz
que el de su sangre enterrada.
Pero Antígona no se vende al olvido,
no cede al grito de lo práctico.
¿Qué es la felicidad,
si no un ancla en lo que importa?
¿Qué es, sino el peso leve
de hacer lo correcto
cuando el mundo se equivoca?
La tragedia no es el final,
sino el tránsito,
el susurro eterno de los dioses
que nos recuerdan
que lo humano no es posesión,
sino valor.
La satisfacción no está
en lo que se tiene,
sino en lo que se honra.
Y mientras el ahora se evapora
como agua entre las manos,
Antígona se yergue,
firme, invencible,
porque ha comprendido
que la felicidad es un acto,
no un objeto.
Es el amor profundo
por lo que no se ve
y el coraje de enterrar
lo que el tiempo
no puede borrar.
Jrc

tiempo de antígona


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